lunes, 15 de octubre de 2012

La mujer del medio rural: los pasos de muchas

En un día como hoy, 15 de octubre, Día de la Mujer Rural era para mí, como mujer y neorrural, inevitable hablar de la situación y los retos de la población femenina del medio rural. Si los retos de la generalidad de las mujeres han sido y son superar la desigualdad laboral, económica y social que existe, en el caso de las mujeres rurales la cosa se hace aún más complicada y compleja, aunque obviamente, las cosas están cambiando.
Mujer en el Medio Rural
Imagen de Ruta Panamericana con licencia Creative Commons. 


Según el Programa Nacional de Desarrollo Rural Sostenible 2010-2014, la mujer representa el 49,3% de la población andaluza rural. La población activa de mujeres rurales se ha duplicado y, a pesar de que sólo en el 28% de las explotaciones agrarias andaluzas constan como titulares, el empresariado femenino en el sector agrario ha crecido un 6,7% en los últimos cinco años. Esta mayor presencia de la mujer en el medio rural tiene, no obstante, una contrapartida. Según datos del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), entre las mujeres más jóvenes, de 18 a 29 años, es más elevado el porcentaje de las que han pensado irse del pueblo, un 43% de media.

Por tanto, uno de los retos de la mujer rural es que la oferta laboral de los núcleos rurales se asemeje a la de las ciudades. Dicho de otro modo, no es que no haya trabajo en el medio rural sino que este no se adapta a las expectativas que, por formación, tiene muchas mujeres jóvenes del medio rural. Esta situación ha hecho muy común hasta ahora que las mujeres rurales jóvenes -el relevo generacional- dejara el núcleo rural para buscar empleo cualificado y acorde a su formación en la ciudad.
Comprensible y necesario. Yo misma, licenciada en Periodismo y con un Máster de Comunicación 2.0, he pensado en volver a la ciudad después de once años de trabajar en lo mío en un pueblo (Loja), porque ahora en él no hay ofertas laborales adaptadas a mi profesión. Sin embargo, en plena crisis, el desempleo afecta a todos los sectores casi por igual y miles de profesionales cualificados –la mayoría de ellos, mujeres- están quedándose sin trabajo y, lo peor, sin expectativas de encontrar otro puesto que se asemeje a su perfil profesional, también en la ciudad.
El trabajo agrícola y ganadero o el turismo rural no son los únicos escenarios posibles para el desarrollo profesional o laboral de la mujer en particular y la población rural en general. Hoy día, los perfiles más cualificados pueden ofrecer sus servicios (arquitectura, abogacía, consultoría, medicina, etc.) a través de Internet y hacerlo desde el medio rural. Es más, en los últimos años son cada vez más los pueblos del entorno de los 10.000 a 20.000 habitantes donde está creciendo la oferta de bienes y servicios, y donde cada vez es más frecuente que salgan adelante establecimientos comerciales (franquicias, cadenas, etc.) que apenas sobreviven en la ciudad por exceso de competencia y que en los pueblos son bienvenidos y aprovechados por los consumidores.
Para alcanzar y superar este reto, el de la igualdad de oportunidades laborales entre pueblo y ciudad, la incorporación del medio rural a la Sociedad de la Información ha supuesto un paso fundamental, el nexo de unión entre las zonas rurales y urbanas. Es más, se ha convertido en el elemento fundamental de supresión de algunas diferencias. Según revelaba el Estudio Nestea sobre Internet y las Redes Sociales el 45% de los andaluces usa con mucha frecuencia a Internet y, entre ellos, la mayoría son mujeres y jóvenes de 18 a 34 años.
Superar este reto, la igualdad de oportunidades profesionales, es para la mujer rural de hoy un paso imprescindible, ya no para ella sino para la supervivencia y el Desarrollo Rural, porque sin mujeres no hay crecimiento de la población, que es otro reto, pero en este caso del medio rural.
El empoderamiento de las mujeres rurales y la conciliación de la vida familiar y laboral son otros retos, estrechamente ligados al anterior, y por desgracia, más sensibles que nunca a la crisis económica actual y al imparable escenario de recortes sociales que vivimos. La formación continua, el espíritu emprendedor y de superación y la confianza en uno mismo y en sus posibilidades podrán ir cerrando esa brecha socioeconómica que separa lo rural de lo urbano, la mujer rural de la urbana, sin que una ni otra pierdan lo que las hacen diferentes: el lugar donde han decido vivir.

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